miércoles, 29 de febrero de 2012

domingo, 26 de febrero de 2012

¿Por qué la vida es compleja?

Nuestra vida es el resultado de interpretar lo que percibimos. Los sentidos nos proporcinan una raquítica imagen del mundo, que aliñada con un poco de distorsión interpretativa de los hechos, provoca un cóctel letal de irrealidad y complejidad.

Siempre se ha dicho que solamente usamos en torno al 10% del cerebro, lo cual, así planteado, no es cierto. Salvo en el caso de los tertulianos de "Sálvame", todos usamos todas nuestras neuronas, sólo que no simultáneamente. Ese pequeño porcentaje mencionado es lo que suele usarse a cada momento. Según el prestigioso neurocientífico Xurxo Mariño, "Todos usamos el 100% de las neuronas que tenemos. Lo que sí cambia de una persona a otra es cómo las usamos".

Ahí está la clave. Usamos todo el cerebro, pero ¿cómo lo usamos? El cerebro es el encargado de dar cohesión a la información enviada por los sentidos del olfato, vista, etc, y en base a ello ejecuta unas órdenes u otras sobre el resto de órganos y glándulas.


Esa cohesión, la verdad sea dicha, al final resulta bastante distorsionada. ¿Realmente esta camiseta que vemos es amarilla, o nuestros ojos, capaces de percibir cierto rango de ondas, nos hace creer que es amarilla? Es más, la máquina con la que he hecho la foto, ¿no está diseñada para complacer a nuestro cerebro capturando los colores de esa forma?

Cohesión tiene, sí, pero lo de la coherencia es otra historia. Y es que el cerebro es un órgano fascinante a la par que mediocre. La vida es compleja, porque se construye sobre interpretaciones complejas de nuestro entorno. Y siempre, siempre, esas interpretaciones se quedan cortas con respecto a la realidad. La vida, por tanto, es compleja... y limitada.

El cerebro es ese pésimo empleado que lleva toda la vida en la empresa, que no da pie con bola y que no se le puede despedir porque le saldría demasiado caro a la pyme del cuerpo. Y mientras esté ahí, seguirá haciendo su trabajo de aquella manera. No está mal para un órgano de apenas kilo y medio, y que demanda el 20% de la energía.

lunes, 13 de febrero de 2012

¿Por qué parece detenerse el tiempo?

Estamos en casa de la abuela. En el salón, una desafiante colección de figuritas de cerámica de Lladró. Agarramos una para observar los detalles y de pronto se nos escurre. La caída parece transcurrir en cámara lenta. Nuestros reflejos no nos responden, y pese a que hacemos amago de cazarla al vuelo, seguimos la trayectoria que traza hacia el suelo. Antes de terminar de tomar aire, cientos de añicos quedan desparramados por el salón.



¿Por qué parece que en estas situaciones de peligro, el tiempo parece transcurrir más despacio, incluso detenerse? Porque realmente lo que sucede es que nuestro cerebro está procesando la decisión que debemos tomar más deprisa. Es como si nuestro ojo fuera una cámara de fotos y la velocidad de obturación nos permitiese ver cada fotograma nítido, sin la estela de movimiento. En este artículo (PDF, 2,3 MB) explican en profundidad el proceso.

Para demostrarlo, lanzaron a varias personas desde una altura de 30 metros (con una red bajo ellos). Cada uno llevaba un pequeño monitor de vídeo en la muñeca, que emitía una especie de "gif animado" de una letra negra sobre fondo blanco, que alternaba rápidamente a la misma letra blanca sobre fondo negro, y así sucesivamente. En condiciones normales, la pantalla se vería gris, pero durante la caída, las personas eran capaces de identificar de qué letra se trataba.

Adiós, figurita de Lladró. Para lo que la abuela ha sido una auténtica putada, para nosotros ha sido una experiencia neuronal extraordinaria. Y, por qué no decirlo, para el mundo ha sido un gran favor.

sábado, 11 de febrero de 2012

Con todos ustedes...

¡Picor Cerebral! ¿Os gusta el nombre? A mí me encantó cuando se me ocurrió, hace casi dos años. Desde entonces, tengo registrado este dominio, y no ha sido hasta ahora que lo hago público, cómo no, un 14 de febrero, un día que para mí ya es "el día de los cambios" (por ejemplo, la fecha en que viajé a Nueva York).

No os podéis imaginar la ilusión que siento por abrir este blog. Muchas de las cosas que iréis viendo se han ido cuajando en mi anterior viaje por Latinoamérica. Con paciencia, apuntaba las ideas, las maduraba y las ponía a prueba con el tiempo.

Y una de esas ideas es apoyarme en este personaje. Os presento a... ¡Picolino!



Picolino es un cerebrito curioso, alegre y juguetón. También tiene un lado oscuro (que tal vez algún día lo conozcáis), pero en general, es buen tipo. Eso sí, os aviso de que esto no va a ser un blog de personajes. Siempre hablaré yo, y Picolino hará alguna aparición extraordinaria. Hay muchas sorpresas preparadas, que ya las iréis viendo en su debido momento, como por ejemplo, su amiga Cuoraline.

En fin, ¡hay mucho de qué hablar! Esto va a ser un blog dinámico. Habrá fotos, vídeos, dibujos, chorradas (muchas, por cierto), secciones que entren, que salgan, pestañas superiores que cambien... Esta página será como nuestro propio cerebro: moldeable como la plastilina. Siempre intentaré que sea una experiencia distinta.

Las redes sociales van a jugar un papel importante. Por ahí ya estáis viendo la página de Facebook, la cuenta de Twitter... y más cosas que vendrán. Recordad, por cierto, que la mejor forma de estar al día con lo publicado es suscribirse a la RSS. Todo es un puzle en mi cabeza que por fin sale a la luz.

A estas alturas, ya me considero un veterano bloguero. No obstante, siempre existe la incertidumbre y la emoción del primer día, especialmente cuando todos mis blogs han sido tan intensos. Si el folio en blanco puede asustar de primeras, el blog en blanco es ya otra liga.

¡Bienvenidos a Picor Cerebral!