viernes, 28 de marzo de 2014

lunes, 17 de marzo de 2014

Cómo esquivar solidarios de la FNAC y alrededores en 20 sencillos pasos

Tengo que admitirlo. Soy un objetivo muy goloso para los llamados "solidarios de la FNAC", esos captadores de socios de ONGs que pululan por el centro de Madrid. Esto es porque habitualmente camino solo, porque llevo pelo ligeramente largo, y porque imagino que debo de tener un aura perrofláutico que rezuma solidaridad por los poros, al punto de que todos se abalanzan sobre mí nada más verme.

Pero he desarrollado una forma de aplicar mi experiencia gamer al mundo real para esquivarlos. Como si de un Pacman perseguido por fantasmitas se tratara, os voy a contar una ruta infalible para conseguir llegar desde la Puerta del Sol hasta Plaza de Callao sin ser interceptado por ninguno de ellos:


  1. Sube por la calle del Carmen, extremando las precauciones, y yendo siempre pegado al edificio de tu izquierda, El Corte Inglés.
  2. Dobla hacia la calle Tetuán, y sigue hasta la Plaza del Carmen.
  3. Atraviesa la plaza, pegado al Teatro Muñoz Seca (la acera sur de la plaza) y dobla a la izquierda.
  4.  Dobla ligeramente hacia tu izquierda y dirígete a la bocacalle que hay delante de ti (la calle Galdo).
  5. Camina recto la calle Galdo hasta la calle Preciados. (CUIDADO: ZONA DE ALTO RIESGO).
  6. Camina un poco la calle Preciados hacia el norte, EXTREMANDO LAS PRECAUCIONES.
  7. Dobla a la izquierda hacia un pequeño callejón maloliente lleno de empleados de otro El Corte Inglés fumando.
  8. Sube la fachada del edificio y atraviésalo por la azotea, entre infernales máquinas de aire acondicionado.
  9. Baja por la fachada donde cada Navidad sufrimos Cortylandia. Tranquilo, todos pensarán que eres un gnomo que todavía no han desmontado.
  10. Entra hasta la calle de la Misericordia. Ahí verás una trampilla secreta subterránea. Atraviesa las catacumbas (y preséntale tus respetos al compositor Tomás Luis de Victoria, enterrado allí).
  11. Sal por la alcantarilla. CUIDADO: Vuelves a estar en la calle Preciados, punto caliente de la ruta.
  12. Entra por una puerta a la FNAC. Atraviesa el hall con cuidado de no comprar ningún CD de serie media de Supertramp.
  13. Sal a la calle del Carmen. Échale una moneda al cuarteto de cuerda que toca el Canon de Pachelbel (échasela a la cara).
  14. Vuelve a entrar a la FNAC por la puerta situada cinco metros antes. Atraviesa de nuevo el hall con cuidado de no entrar al auditorio y quedarte atrapado por un evento de presentación de un cómic filipino sobre la exportación ilegal de maderas amazónicas en un futuro post-apocalíptico.
  15. Camina hacia el sur la calle Preciados (OJOCUIDAO: De nuevo estás en zona caliente). Ve pegado al edificio, más que nada para que el aire que sale de la rejilla de ventilación del metro no te haga querer emular a Marilyn Monroe.
  16. Camina hacia tu izquierda la calle Rompelanzas, la calle más corta de Madrid.
  17. Sube la calle Mesonero Romanos, hasta la esquina noreste de otro El Corte Inglés (y van...). Lo que atraviesas no es niebla. Es el humo de los empleados fumando, que te servirá como táctica evasiva frente a los solidarios que tratamos de esquivar.
  18. Entra al aparcamiento del edificio.
  19. Sortea coches peleando por las plazas, y toma el ascensor hasta la cafetería de la azotea. Admira las vistas y utiliza una servilleta como paracaídas.
  20. Salta y controla tu caída hasta Plaza de Callao. Ya has llegado.
Si has seguido estas instrucciones al pie de la letra, habrás conseguido esquivar los solidarios de la FNAC y alrededores con éxito. ¡Misión cumplida!

viernes, 14 de febrero de 2014

Brújula rota


El norte de la Tierra es más rico que el sur.
El norte de España es más rico que el sur.
El norte de mi ciudad es más rico que el sur.
El norte de mi barrio es más rico que el sur.
El norte de mi casa es es una hilera de balcones. El sur es la letrina.
Al norte de mi cama duermo yo. Al sur no duerme nadie.
Y mi norte perdido se parece cada vez más a mi sur.
Quizás el sur es norte, y viceversa.

lunes, 27 de enero de 2014

Adiós Pacheco, trozo de mí

Hoy ha fallecido el escritor mexicano José Emilio Pacheco. Pocos autores me han dado tanto, incluyendo aquel libro que me dedicó, en la amistad. Con él se marcha un trozo de mí. Gracias, maestro.


jueves, 23 de enero de 2014

Desconectado aquel

Hace unos días tuve un encuentro en la escalera del edificio con mi vecina, una joven madre primeriza. Cambiamos un par de frases y nuestros números de teléfono. Ya por la calle, estando yo a otra cosa, tuvimos una considerablemente larga charla de cortesía por whatsapp. Al rato de despedirnos, me di cuenta de que habíamos hablado más por mensajería que cara a cara.

Esto trae a mi mente una reflexión que hizo otro amigo poco después: "¿No sería bonito volver a a época en que no existían estos móviles de ahora, sin estar tan permanentemente comunicados, y volver a tener que llamar a un teléfono fijo para hablar con alguien?"



A veces echo de menos esa época yo también. Y no solo yo. Hace unos tres años, salió un spot tailandés (¡nada menos!) que irónicamente se extendió como la pólvora por las redes. El anuncio nos animaba a desviar nuestra permanente atención del móvil a la gente que nos rodea en cada momento. Creo recordar que ese fue la primera señal de aviso de lo que hoy parece estar cuajando.

En todo este tiempo, ha habido un montón de artículos y vídeos que han apoyado esta idea: el retorno a lo natural. Sucede igual, por ejemplo, con las famosas campañas de Dove, donde se busca llegar al público femenino sin artificios sexistas, un concepto que este videoclip ha colocado en la categoría de pop. Incluso el comportamiento de la sociedad moderna, que genera mofa y admiración a partes iguales, parece estar iniciando su ocaso, o directamente, como en el caso de las manic pixie dream girls, su muerte.

La conclusión de todo esto es la sensación de hastío que percibo a mi alrededor. Hastío por la política, donde ni siquiera la visibilidad de incontables casos de corrupción nos empuja a hacer una revolución. Hastío por la sensación de no tener tiempo para todo, ya que el mundo va más deprisa que nuestro cerebro. Apps, check-in, MT, drones, influencers, web gardeners, #instafood, datastage... Tenemos que saber de todo, ser válidos en todo y estar en todas partes hasta el punto de que ya no estamos dominados por el exceso de información, sino por la imposibilidad de reconocer que no sabemos algo.

La libertad de poder acceder a cualquier información no nos hace libres, sino esclavos, y eso tiene una consecuencia: que todo se está radicalizando. Cada vez hay más personas que son simples extensiones de sus iPhones. Incluso nuestros padres y abuelos, que hasta hace poco gozaban de un merecido descanso del bombardeo informativo, han entendido que tienen que subirse al carro del whatsapp para poder comunicarse con sus hijos y nietos.

Sin embargo, también hay cada vez más gente cansada del postureo informativo y tecnológico que les rodea, que buscan, como quien dice, volver a la felicidad más básica. Yo, poco a poco, me encuentro más cerca de este grupo. Ya estuve una vez, y se vive muy bien.